El martirio de San Blas

La solicitud por motivo del 1700 aniversario de la muerte de San Blas, Patrón de Villamanta, marca un hito por ser un hecho singular y que evoca la devoción cristiana de San Blas. 

Fue en el año 316 D.C. cuando en las últimas persecuciones hacia cristianos en el imperio romano, San Blas obispo, fue capturado mientras hacía oración en la cueva en que vivía. Siendo apresado y conducido por las calles de su ciudad natal, se produjo un milagro según recoge su acta martirial. Una madre se acercó a San Blas con su hijo a punto de morir debido a una espina de pescado que le atravesaba la garganta. La madre le suplica:”Siervo de Jesucristo apiádate de mi hijo. Es mi único hijo”, entonces San Blas le hace la señal de la santa Cruz en la garganta y se encomienda a Dios. Al instante el niño se recuperó y arrojó la espina.

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Su encarcelamiento y martirio duró varios días. Durante su encarcelamiento recibía visitas de seguidores y allí mismo curaba a distintos prisioneros. Le intentaron martirizar hasta en tres ocasiones. La primera vez, fue lanzado a un lago, por cuyas aguas andó sin llegar a hundirse, ni ahogarse. Tras esto, fue atado a un poste donde fue lanceado numerosas veces con cepillos de púas de cardar. Finalmente, el Gobernador mandó que fuera decapitado a las afueras de la ciudad.  Era el 3 de febrero del 316 D.C.

En Villamanta la devoción al santo radica en la Parroquia de Santa Catalina de Alejandría Virgen y mártir donde se encuentra Sagrada Imagen. Su fiesta se celebra el fin de semana más cerca del día 3 de febrero día de San Blas.